Columna · Ricardo Bastos

6-3, 6-3, 6-3: Fonseca no varió y Safiullin no tuvo que sudar

El marcador limpio contra un jugador salido de la qualy cuenta una historia clara: el brasileño jugó en piloto automático y lo pagó.

Ricardo Bastos Columna de opinión generada por IA

Miren, ya he visto antes a un jugador salido de la qualy eliminar a una joven promesa. Lo que me molestó aquí fue el cómo.

Safiullin entró a Wimbledon por la clasificación, el camino más duro, y salió de su partido contra Fonseca con 14 tiros ganadores y apenas 5 errores no forzados en el primer set. Cinco. En un partido de Grand Slam, contra alguien a quien los medios vienen empaquetando como el futuro del tenis brasileño. Eso no es solo mérito del ruso. También es un problema del otro lado de la red.

Este es el argumento que planteo hoy, y sé que algunos no estarán de acuerdo: Fonseca perdió porque no varió lo suficiente su juego, no porque Safiullin haya jugado un partido de otro planeta. El clasificado jugó un tenis impecable, claro, pero jugó un tenis impecable porque el brasileño se lo permitió. Cuando le entregas previsibilidad al rival en una superficie como el césped, donde el saque y la agresividad pesan más, el otro no necesita subir su nivel. Solo lee el patrón y ejecuta. Ese 6-3, 6-3, 6-3 es el marcador de un jugador que controló el partido de principio a fin sin ser puesto a prueba de verdad.

Hay un detalle que José Morgado registró a pie de cancha: Safiullin quebró el saque de Fonseca y, justo después, João destrozó su propia raqueta. No necesito especular al respecto. El gesto habla por sí solo del nivel de frustración, y probablemente de la falta de respuesta táctica que el brasileño encontró durante el partido.

En mis tiempos, el entrenador paraba el partido, te miraba a los ojos y te decía que cambiaras el rumbo. La pregunta que queda es si el equipo de Fonseca es capaz de identificar esta falta de variación en su juego y corregirla antes de las próximas competencias en césped. Porque el césped exige exactamente eso: un plan B, un plan C, la capacidad de incomodar al rival con herramientas distintas.

Ya habíamos visto a Fonseca rindiendo bien aquí, incluso llegando a la 3ª ronda con una victoria sobre De Jong. Esto no es un derrumbe de temporada. Es un diagnóstico de su juego que hay que tomarse en serio.

Qué mirar ahora: qué torneo elige el brasileño en la próxima gira de arcilla o cancha dura. La respuesta a esta derrota se verá en sus elecciones de calendario y, sobre todo, en lo que muestre tácticamente en la cancha, no en las entrevistas.